Evey en el país de las máquinas III

Unos silbidos armónicos sonaban unas veces lejos y otras cerca. Desde su pabellón auditivo, aquellos sonidos le recorrían cada célula, cada órgano y cada poro de su piel y como en un estado de clímax se meció en aquella orgía de sonidos que la complacían.

Poco a poco, como saliendo de un sueño intenso, iba abriendo los ojos. Descubriendo cada vez con más nitidez aquello que la rodeaba y junto a ella, una silueta brillante y queda, permanecía a su lado.

Levantó el brazo y acarició a aquella criatura maravillosamente bella. La rozó con las yemas de los dedos y un ronroneo grave y alto pareció salirle desde muy adentro.
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1 comentario:

  1. Me está gustando la historia. me dan ganas de ilustrar alguno de sus fragmentos.

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