El coleccionista de insultos

Este post llega por varios motivos. El más relevante tal vez, sea el hecho de que, en la semana de mi cumpleaños, en el culmen de mi vejez emocional, el zenit de mi inteligencia, me da por analizar y filosofar. También se debe al hecho de que, en los pocos meses de vida que tiene este blog, no paro de recibir insultos.
Sé muy bien, que ni tengo un gran sentido del humor, ni escribo con gran maestría, eso lo tengo muy claro, para que nos vamos a engañar ... , pero que eso se traduzca en que todos los insultadores de la red vengan a parar aquí, es cuanto menos, llamativo. Hay muchísimos blogs en la red, buenos, buenísimos, muy malos, etc, pero no sé si sufrirán este acoso lingüístico continuado, tengo esa duda existencial. Yo, en mi ignorancia creía que un blog es un espacio personal en el que se escriben post, muchas veces a modo de diario, con opiniones, relatos de ficción, tendencias, etc. 
Después de leer perlas varias, de todo tipo y de todos los colores, me he dado cuenta de que quizás me esté haciendo una experta en el fabuloso universo del improperio, así sin querer. Y es que el insulto es todo un arte y dice mucho de la persona que lo manifiesta.
Hay varios tipos de insultos e insultadores/insultadoras:
- Está quien insulta de forma anónima. Universalmente conocido (qué paradoja), por la zona blogger. Éste se caracteriza por su “valentía”, el lapidador nato, el que compra lajas al por mayor, el que lanza con más maña, consiguiendo hacer botar la piedra seis veces antes de que ésta se sumerja en el agua, en definitiva, el maestro en tirar la piedra y esconder la mano, haciendo suyo ese dicho de ... “yonofui yonofui”
- Está quien insulta muy dignamente “Hostia qué petarda!!” . Un toque pueril que le da ese regusto agridulce, una delicia. Podemos observar el gran dominio de la lengua que posee, el derroche de imaginación y las ganas de expresar claramente su opinión.
- Luego, podemos encontrar al que, por la euforia del momento o por que quizás tenía algún tipo de urgencia,los apretones no perdonan, escribe “cobrade”  cuando quería decir “cobarde” . En este caso podemos observar que tampoco insultan con excesivo interés, quizás lo haga más por obligación, un poco para que no se diga que no han insultado ellos, a ver si alguien va a ir diciendo por ahí que Menganito o Sutanito no tiene huevos para insultar.
-El mejor, es el compendio de los tres anteriores, que es básicamente el insultador anónimo, que hace cualquier ofensa del tipo “tonto”, “mediocre” ..., se comen alguna letra, y además añaden un emoticono. Los emoticonos hay que tomárselos muy en serio, pueden enunciar o enfatizar grandes argumentos. Por ejemplo:“Hostia qué petarda! XD. Deja más claro lo que quiere expresar. A veces en lugar de emoticono puede ir una onomatopeya como: “Hahahaha ....” . Podría ser alguien a quien le gusta reír al modo inglés, vamos a decir que le da un toque cool, domina nuestra lengua y las que haga falta.
Por ahora nadie ha llegado al nivel de Cyrano de Bergerac (al menos en mi blog) tal y como veréis en este trozo glorioso del film, en el que el protagonista da una clase magistral del bello y noble arte del insulto: (yo empezaría a verlo a partir del momento 1:24) 


Y llegados a este punto, siguiendo con mis pensamientos, referente al deporte del agravio on-line, también me doy cuenta de lo duro que debe ser que en el resto de redes sociales se sufra el yugo de la censura por este tipo de actitudes tan golosas y quizás por ello vengan aquí, para hacer lo que no pueden en sus redes de amistad. Debe ser muy duro aguantarse tanto las ganas, he visto a gente con tics en el ojo y sudores fríos por ello, creo que lo llaman el síndrome de abstinencia.
Por tanto, lo que propongo es el siguiente ejercicio, he decidido que en este post de mi blog, sólo publicaré insultos sobre quien sea y de lo que sea. Es decir, sólo permitiré aquellos comentarios soeces, mal sonantes, de dudoso buen gusto. Sólo espero que después de ver a Cyrano, seamos capaces de insultar demostrando cierto grado de destreza y coherencia.
Pongo algún ejemplo: Si lo que queremos es decirle a alguien que es un “cobarde” y lo hacemos de forma anónima, quizás estemos cayendo en nuestra propia trampa, por no decir que hacemos el ridículo. Otro ejemplo, sería en el que queramos decir a alguien que no nos gusta lo que escribe o cómo lo hace, en cuyo caso poner “mediocre” no denota una gran sapiencia a la hora de ofender, qué tal si en lugar de ese alarde de dominio lingüístico, optamos por un: “Si en lugar de pollas tuvieras dedos en las manos, no parecería que lo que escribes es prosa de cuaderno de preescolar, aunque teniendo en cuenta esas ideas de mierda que salen de tu cabeza yo diría que para ti la diarrea es algo más que un pequeño problema gastrointestinal” Como veréis, no es original, sin embargo denota  esa pizca de perversión y un toque de maldad  que todo agravio necesita para dejar satisfechos tanto a quien lo “regala” como a quien lo recibe.

Sólo me queda decir que estáis invitados a esta bacanal del despropósito y el insulto. Y recordad lo que dice el refrán “A buen insultador ... patada en los cojones”
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