Extractos de los diarios pasados de R. Kovacs


Diario de Raquel. un día cualquiera del 2014.

He acabado con mi existencia vacía. He cancelado mi cuenta del Facebook y siento que se abre ante mi la puerta de una vida plétora.
Me pregunto si el Twitter, Instagram, Pinterest, 500px, Tumbrl, me ofrecerán toda la experiencia virtual que necesito.
La gente me mira como si estuviera loca, es normal, no saben lo que yo sé. 
La luz de la sabiduría me ha cegado con su gran verdad: Que no hay tiempo para los amigos y son los enemigos los que te dejan solicitudes de amistad, para regodearse en el paso del tiempo por tu rostro o para reafirmarse si decides no aceptarlos en tu pequeño palacio de basura virtual que es, ese, tu muro del Facebook. 
Los humanos somos de naturaleza salvaje, otros ya lo han averiguado antes que yo. Cuando todos esos “megustas” les cubran hasta la cintura, alzarán la vista y gritarán: “¡Invitanos a Ello!” Y yo susurraré: “No ... “.


Diario de Raquel. 2014.

Fenómenos como el Duckface abren la veda de una nueva era. La era cani invade sorpresivamente nuestras vidas. 
Poner boca de pato, escribir banalidades, lo superfluo con pretensiones de profundo, el mujeres hombres y "gramenawer" cibernético. La versión más rancia aún de lo que podrías llegar a idealizar en un mal sueño.
Duckface. 
Estamos al borde del abismo, ¿Será posible que nos tengamos que conformar con contemplar este espectáculo impasibles, limpiándonos los restos de vómito de los labios?
¿A quién culpamos de todo esto? Quién ha criado a esos elementos, quién les ha puesto un smartphone en las manos, acabando con lo poco que nos quedaba a los humanos de esperanza.
Estoy mirando al vacío, vislumbrando la verdad de la vida. El hedor del ego lo impregna todo y cuando intenten salvarse gritándome que les ayude, yo les responderé susurrando: “#cute #sexy #beauty #duckface #fuckyou ...” 


Diario de Raquel. En algún momento de nuestra desgraciada existencia.



La autoedición de novelas, ese gran paradigma del éxito ajeno. He entrado en foros en los que se habla del tema, me pregunto en qué he estado malgastando mi tiempo. Hay testimonios escalofriantes como estos: “Yo también he autopublicado ocho novelas en Amazon, dos de ellas policíacas ...”; “ ... Tengo publicadas en Amazon dos novelas y no paro de vender”; “Yo también edito mis propios libros en PDF y puedo decir que he vendido mucho más de lo esperado”.
¿Por qué estas personas escriben novelas con tanta facilidad? Mi duende interior de la envidia se retuerce en su maleficencia y no para de susurrarme que son unos pringados y unos mentirosos.
Sigo leyendo artículos sobre la autoedición y descubro como el sexo y los dinosaurios lo petan, con perdón, en el mundillo del libro electrónico. ¿No es inquietante darse cuenta de los complejos que has podido arrastrar cuando alguien leía tu blog y te sentías como una auténtica farsante fingiendo que no te dabas cuenta de lo mal que escribías, han sido una pérdida absoluta de tu tiempo? ¿De cuánto bestseller he podido privar al mundo?.
Internet es un lugar oscuro, con demasiada cara B y por suerte para nosotros, vulgares mortales de pérfida existencia, en internet da lo mismo quién seas y de dónde seas, poco importa si te tocas el ciruelo leyendo como un Triceratops le embadurna toda la papaya a una mochuela pérdida en una selva “amazónica”, (... Con este dominio de las palabras, me sorprendo hasta yo de mi tardanza en la autopublicación) lo importante es tener ideas, incluso malas como podemos comprobar. ¿No es maravilloso? 
¡Adios estúpido orgullo y amor propio! ¡Hola masturbación mental y popularidad 2.0!
Y cuándo el dinero me cubra hasta la cintura en mi cuenta de Paypal, gritaréis: ¡Cuéntanos cómo! Y yo susurraré: “Chincha rabiña ...”.






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