El perfume de los noventa.


Llevo desde, creo que los doce o trece años queriendo ver una película en concreto. Es más, hasta se me había olvidado que la quería ver, pero sólo hizo falta ver una cara para recordarlo todo. Una invasión noventera perturbó mi cabecita de súbito.
Por esos años, había en mi colegio un grupito de unos, quizás cinco o más chicos, a los que la edad se los llevó por delante, quiero decir, que las circunstancias que acompañan a esa edad, les arroyó como quizás a muchos y muchas, aunque subrayo que con ellos la pubertad se cebó. 
Oía en clase de educación física los primeros chascarrillos y referencias a la mal recordada película y empecé a comprender, que aquello que hacían después de clase, todos juntos en la casa de alguno de ellos, no recuerdo cuál, los elevaba a la categoría de aventureros.
Me daban mucha envidia porque yo con las chicas lo tenía más complicado (luego averigüé que no tanto, pero me llevó más tiempo)
Me tropecé con uno de la aguerrida pandilla adolescente y me vino como un flash al par de minutos de habernos despedido y me dije, ¿Por qué coño no he visto esa película si tengo tarifa plana de internet y nada mejor que hacer?
Que de qué película hablo, pues para mi sorpresa de una que cosechó premios y buenas críticas, una de la que se sigue escribiendo en foros (de lo de meterse en este tipo de foros ya hablaré otro día porque da para mucho) , de la que hay un raudal de información en internet.


El perfume de Matilde”, film francés para adultos, he de decir que muy bien ambientada y con un argumento entretenido. He tenido que ver un poco, al menos por encima para poder opinar, obviamente. Así a priori sólo tengo buenas palabras. Está llena de gente guapa, de tríos, mirones, orgías, gente muy salida en general, una esposa ninfómana, un marido muy quemado por eso y que busca “venganza”,  una joven inocente que no entiende nada y que a pesar de su resistencia termina sucumbiendo al ambiente disoluto que se respira en un castillo espectacular, sea dicho de paso. 
¡Mis colegas del colegio eran unos auténticos pajilleros gourmet!, sibaritas de la paja en comuna. No les bastaba tocarse el mandurrio con las portadas del interviú, ni con aquellos chicles que venían con fotos de nenas en pelotas. En los noventa andaba todo el mundo sumido en una nube onanista.



Se empezaba por los chicles y se acababa en el porno de alto standing.
                                 
Yo a estas alturas me los imagino, analizando planos y secuencias y opinando como auténticos expertos sobre la narrativa de la misma y la dirección fotográfica.  
¡No!, no lo creo en absoluto, es más probable que el experto fuera el padre o madre de alguno de ellos y simplemente tomaran el relevo sin valorar la joya que tenían entre manos. 
Los noventa, erotismo hasta en los chicles, y aquí estamos todos, aparentemente bien, sin demasiados traumas ni luxaciones de muñeca.