No se me olvida que tengo educación.

Voy a contar algo, porque necesito hacer un esquema base y escribirlo para sentir que puedo simplificar una cosa enorme y llena de ramificaciones.
Vamos a expresarlo de esta manera: digamos que existen unas personas que no tienen que luchar por lo básico, digamos que pueden concentrarse en lo importante, digamos que para esas personas, este mundo debe ser el País de la Gominola.
Reconozco que estoy muy quemada con el asunto y sólo veo negrura al analizar ciertas cuestiones, así que asumo que me falta mucha perspectiva por mi obcecación. Antes yo también vivía concentrada en mis asuntos sin cuestionarme muchos de los aspectos que hoy me ponen los pelos de punta. Antes no pensaba en nada de esto, sabía de primera mano que existía, pero de manera puntual y ajena, lo que no me impedía seguir ocupada en mis proyectos. Así que creo, que he ido acumulando cada pequeño desaire, cada pequeña bufonada, cada pequeño mensaje implícito y explícito hasta que no lo pude soportar más. Como el zumbido de un mosquito en medio de la noche.
Si esto fuera una novela o una simple descripción de un personaje de una época anterior a la mía, encajaría mucho expresarlo de la siguiente manera: “Golpeada por los valores tradicionalistas y patriarcales”, asumimos que en otro tiempo, esto era normal, que las mujeres padecieran las miserias de la desigualdad,   pero puedo hablar perfectamente de mi, de este siglo o este preciso momento. Admito tristemente, que todo lo que haga y todo lo que decida ser, será usado en mi contra de alguna manera, que si soy vehemente y aguerrida seré una diana mucho más grande sobre la que poder ensañarse, que si soy temerosa no tengo voluntad, si soy sumisa, me tacharán de encantadora o de mema, sin punto medio.
Pensando todo esto, soy la primera que se hace reproches. Yo soy de la opinión de que somos personas con nuestras circunstancias, algunas de ellas, derivadas del género. No soy un género, no soy lo que afirmaba alguien que conocí, “la mujer es lo que rodea el coño”, que no pretendía ser más que una broma, ni él era lo que rodea a su polla. Vamos a decir, que esa broma de mi colega, en realidad, no era pura y despreocupada comedia juvenil, y sí es el reflejo de un pensamiento secundado por una mayoría nada silenciosa y si muy puñetera, esa gente que parecen no ver más allá de los genitales propios y ajenos y francamente, me aburren. 
Dejen que trabaje como mis compañeros y ofrézcanme igualdad salarial, no me censuren por expresar que no actúan adecuadamente, no me llamen Nazi por ello, no me juzguen por mi buen o mal aspecto, por mi orientación política, no me suelten regañinas paternalistas como si tuviera ocho años porque tengo treinta y uno y es posible que tenga algo que aportar, dejen de medir los centímetros de mi ropa o la talla de mi sujetador, dejen de bombardearme con mierda de publicidad que intenta menospreciarme más aún como ser humano y  en la que no se anuncia nada sino la ignorancia y la estupidez del que la hace, y dejen de  preguntarme qué piensa mi pareja de las fotos que me hago o de si me da su permiso.
Por desgracia hay y habrán demasiadas personas que jamás me darán la oportunidad de conocerme o de demostrarles de lo que puedo ser capaz, porque han decidido que mi género puede conmigo. Yo por otra parte, podría llegar a una conclusión en base a todas las cosas que he enumerado y alguna más, y no sería una conclusión bonita ni agradable, pero me la reservaré, porque aunque a ellos no se les olvide jamás mi género para meterme en una casilla sin salida, a mi no se me olvida que tengo educación.


Resumen visual de mi opinión



Nota: Para quién lo dude, soy feminista, como debería ser todo aquel que crea en la igualdad