Pastelitos y batidos




'Jesse': Tengo una idea loca, pero si no te pregunto me arrepentiré por el resto de mi vida.
'Celine': ¿Cuál?
Jesse': Quiero seguir conversando. No sé cuál es tu situación, pero siento que tenemos una conexión. ¿Sí?
'Celine': Sí, yo también.
'Jesse': Genial. Ésta es la idea. Bájate conmigo y visitemos la ciudad. Si resulto ser algún psicópata te subes al siguiente tren. Piénsalo de ésta manera: Imagínate dentro de 10 o 20 años, ¿sí? y estás casada. Pero tu matrimonio no tiene la energía que solía tener. Culpas a tu esposo y piensas en los hombres que conociste en tu vida y lo que podría haber pasado si te hubieras quedado con uno de ellos. Bueno, yo soy uno de esos hombres. Considéralo como un viaje por el tiempo del futuro hacia ahora para saber lo que te perderás. Sería un favor enorme para ti y para tu esposo descubrir que no te perdiste nada. Sólo soy un fracasado igual a él. Así que elegiste bien y estás muy feliz.
'Celine': Está bien, iré por mi equipaje.

Extracto diálogo Antes del amanecer 


Esto está lleno de spoilers.
Yo ya lo he advertido, que quede claro, luego no vale llorarme porque has leído algo que no querías. Te recomendaría que vieras la trilogía de Richard Linklater: Antes del amanecer, Antes del atardecer y Antes del anochecer. Aunque esto no es un análisis, sólo las diatribas dispersas de mi humilde persona, quizás te la quieras jugar y leer lo que viene.

                                         

A mi me encantan estas tres películas. Me gustan porque, de alguna manera, cuando vi siendo adolescente, (igual ahí está la clave de todo) en la televisión "Antes del amanecer", me hizo creer en la magia de lo cotidiano, más allá de las películas Disney o de Superman y Batman, que eran los superhéroes más mediáticos por aquel entonces.
Lo que pudo parecer un ordinario hallazgo cinematográfico más en  mi vida, fue el click, no tan erótico como el de Manara, que lo cambio todo para siempre, como la mayoría de las elecciones intrascendentes que nos definen de una forma que asumimos como cierta, pero que en rara ocasión podemos explicar.
¿Eres una persona cínica o romántica? Es probable que imaginaras un final del todo dramático para la primera de estas películas: Nunca se reencontraron, imaginaste quién de los dos sería el imbécil en presentarse en Viena meses después, para que la realidad le diera una cachetada con la mano abierta; quizás imaginaste una estación de tren vacía. O siempre fuiste de los optimistas, idealizando miles de veces un final mágico en el que ambos protagonistas corrían el uno hacia el otro a cámara lenta hasta fundirse en un abrazo. ¿Sexo continuado durante días y días? ¿Buscaste secuelas X de la peli y te recreaste en el asunto a base de bien? *
Puede que te situes entre las dos posturas, no eres lo que se dice un majadero escéptico y tampoco eres de los que pierden el culo por una boba historia de amor, así que te sientes con una actitud o un deseo pendular, que se mueve entre ambas tocando una y otra. Hasta que nueve años después, te sientes ansioso contemplando cada fotograma del segundo film, angustiado por lo que les pasará al final final, porque se han vuelto a encontrar, suspirando con cierto alivio, porque resulta que la magia seguía existiendo. Pero es que nueve años más tarde, ya son padres y pasan por la madurez, destapándote los entresijos de las relaciones a largo plazo y todo lo implícito a eso, menos emocionante quizás, pero lógico, natural y más realista que nunca, con un mundo externo que existe y con el que también interactúan.



En estas tres pelis de personas que hablan mucho, (así la definirían algunos) intentas extraer los significados universales ocultos en las frases, anécdotas y peroratas  de ambos personajes que aliñan los diferentes paisajes europeos donde transcurren.
Viena, París y Grecia.
Inocencia, romanticismo y madurez.
Tampoco lo quiero simplificar tanto, pero en cierto modo, es lo que podría deducirse así muy a bote pronto, podría hacer una analogía de la trilogía, con la dialéctica de Hegel, como hizo alguien aquí, pero en primer lugar, ya se ha hecho, de una manera muy brillante y además, no pretendo gran cosa, como mucho, compartir algo que me gusta.
Recomendaría verla a todo aquel que desee recuperar la fe en la magia, o conservarla, al que tenga una vieja historia inacabada o al que quiera fantasear con esa idea, al que tenga una crisis existencial o al que se sienta feliz. Se la recomendaría al que quiera darse un paseo por una ciudad europea en poco más de una hora con dos guías de los más entretenidos, a los que les entusiasma el cine independiente e incluso a los que no. Se las recomendaría a quien viviendo el sueño de la clase media, el de las tres "C": Casa, coche, chiquillos, se esté replanteando qué habría pasado, contagiados por una especie de nostalgia de la idealización, y también los que no,  porque están más viejos, pero con seguridad, siguen teniendo su encanto.
Las películas hablan del amor, eso está claro, de una manera compleja y dulce, cruel en su justa medida, pero sobre todo habla del amor de la vida real, del nuevo y del viejo, del que se hace más fuerte con el paso de los años y se va cargando de reproches y del que se puede encerrar en un poema y darnos todas sus claves antes de habernos dado cuenta.





      *¿Dónde?