Estoy hasta las mismísimas.

Como este blog es mío, hago con él lo que me da la gana y escribo lo que me sale de la pepa. Voy a soltar aquí algo que lleva tiempo martilleando mi pequeña cabecita.

Después de los treinta, todo el mundo es de derechas.

Incluso a los que siempre tuviste de referente porque eran la jodida personificación de los plenos de Izquierda Unida. Aquellos, que ya hablaban de asambleas participativas y ciudadanas antes del "Movimiento15M". No, esa gente ya no quiere saber nada del socialismo, del movimiento obrero, ni quiere recordar con amorosa nostalgia los movimientos mineros de los ochenta en Inglaterra. Ni quieren leer cada noviembre "V de Vendetta".
No señora, no señor. Esa gente, ahora, cruzó una línea que los ha transformado para siempre y por siempre, aparentemente. Fantaseo con que se cumpla aquel dicho de "la cabra tira al monte" y que después de un pequeño zarandeo o golpe en el cráneo, vuelvan a ser los que eran. En "Todos dicen i love you" pasaba, y me parecía que tenía todo el sentido del mundo.



¿La gente no se cree partidaria de la igualdad de género, libertad sexual, libertad para decidir una maternidad y paternidad digna, libertad de credo, acceso igualitario a la formación y al empleo, de los derechos de los trabajadores?
¿No? 
¿Y qué coño pasa? ¿Se creen mejor que los demás por algo y tienen que decidir por todos nosotros?
Yo ese capítulo de Barrio Sésamo me lo perdí. Ese en el que la rana Gustavo les decía que cuando tengan hipoteca, hijos o dirijan una empresa tienen que tratar al resto del mundo como si les debieran mil favores y también en la que debieron explicarle que deben pisarse un montón de cogotes para cobrar más o tener un coche más grande. En otro capítulo, de esos que debí perderme, la cerdita Peggy, enseñaba el fabuloso arte de odiar e insultar al que no es igual que uno mismo.

Reconozco que el panorama político actual es descorazonador, y que es hasta lógico que después de tanta información al respecto de partidos, tanto de un lado como del otro, se te quiten las ganas de ir a votar y le empieces a encontrar el atractivo a un buen tubo oxidado, pero igual se están mezclando los conceptos interesadamente, para justificar un estilo de vida y una forma de ver el mundo de lo más cómoda. 

No sé si será porque vivo en esta esquina olvidada del Atlántico, pero me siento muy sola con mis ideas. Leo con los dientes largos, esos perfiles de Twitter con miles de seguidores con sus ideas izquierdosas con quinientos y seiscientos retweet a toda mecha. Quinientas o seiscientas personas con las que por lo visto, jamás coincidiré en ninguna reunión o cena y seguiré sufriendo con estoica educación, frases dignas de un bordado como: " A mi me parece que esto ya es el libertinaje, maricones cansándose" o el nuevo postureo conservador, que reza mantras del tipo: "Yo antes era de izquierdas, pero mira Venezuela"

Me siento muy sola viendo El Intermedio, leyendo Eldiario.es o Infolibre. He llegado a creer que toda esa gente que veo y leo es de mentira, que después se sentarán a tomarse un cortado y se les pondrá la cara de gaviota y se harán la contabilidad B en sus empresas. Que ningún abogado es como David Bravo, ningún periodista como Jordi Évole y ningún rapero se cree en el fondo sus letras reivindicativas. Que nadie piensa jamás en la posibilidad de que existen personas que  no piensan como ellos, que tienen todo el derecho del mundo a expresarse y que por ello no merecen ser insultados.

Esa gente es de mentira ¿No? ¿Es todo ficción como los videoclips de Gemeliers? 

Idealicé un mundo de pluralidad y respeto, que después de los treinta, parece derretirse como una vela.  Quizás viví en El País Rojo de la Gominola y no me había dado cuenta, hasta ahora, que miro a mi alrededor y visualizo el postureo de ayer y el del mañana. Quizás nos han educado tan tan bien, que hacemos lo que se nos dice, y claro, se pasaron cuarenta años diciéndonos muchas cosas ... .

Pues tengo más de treinta, y me van a permitir que siga siendo la que he sido siempre, al menos en mi cabecita. 

Qué alivio más grande. ¿Quién dijo que un blog no sirve para nada?



4 comentarios:

  1. No estás sola. Lo que pasa es que asomamos poco la cabeza.

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    1. Te reconozco que visto lo visto, es la mejor forma de mantenerse a salvo .... Mucho ranciofacts y mucha intransigencia :D

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    2. Es que cada vez que dices que eres X [votante no a mayoritarios/feminista/comunista/poliamoroso/friki/...] enseguida los prejuicios. Y el "pues yo vi el otro día en la tele...". Y tienes que estar explicándoles miles de millones de cosas... Pues para eso el armario no está tan mal.

      Y me jode mucho. Odio los armarios.

      Creo que ya tengo con qué actualizar el blog.

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  2. Sí Sí y Sí!! ... Me niego a creer que estemos tan solos ... bueno! lo pienso según el día, pero es embajonante, cabreante y si eso sirve para que actualices el blog ... Pues mira, algo bueno pa´tós!!!

    XD

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