Mágica

Mi teoría sobre que los cantantes de pop son en realidad depredadores sexuales, cada vez toma más fuerza.
A ningún tipo de estos le importa una mierda, el sol, la luna ni la espuma del mar y mucho menos el reflejo de las estrellas en los ojos de nadie, sino es en medio de alguna actividad lucrativa para sus  pollas. ¿En serio hay alguna despistada por ahí, pensando en besitos de pico y caricias en las mejillas?

- No puedes escribir estas cosas y caerle bien a la gente al mismo tiempo.
-Ya, pero me salió de golpe, natural, como cuando pestañeas o respiras. Podría andar prestándole atención, pero es muy probable que me ahogara o terminara con algún tic nervioso de por vida. Somos como somos, es inevitable. Yo ahora sabía exactamente que me ibas a decir, insisto en que es inevitable, pero si me concentrara en ello, es posible que mezclara todas las palabras y terminara no dando con una derechas.
- Intenta ponerle un poco de magia al asunto, no seas tan realista.
- Un poco de magia al asunto - se quedó con la cara fruncida, esa cara que ponía cuando ordenaba las ideas en aquella cabecita, para mi a veces indescifrable - ¡Crees que tengo razón!- Soltó entre risotadas.
- ¡Por favor!- me reí a carcajadas - Qué cara más dura tienes, deberías escribir sobre lo descaradas que son las jovencitas de treinta que parecen tener veinte.
- La verdad es mágica, está delante de nuestras narices, pero nadie la ve. El problema de mis treinta es que en tu época parecían cuarenta y ahora parecen veinte y de eso no tengo la culpa yo. La tiene la moda, la tele, la publicidad, la educación sentimental de las gallinas que luego nos comemos empanadas y llenas de hormonas.
- El Universo, que es un hijo de puta - Añadí riendo
- El Universo, ¡Bah! a ese me lo merendaba yo con el té de la tarde. Haz de esos cincuenta, unos cuarenta revoltosos.
- ¿Y por qué no escribes de tus falsos treinta y nos dejas en paz a los demás?
- Los cantantes de pop no me caen muy bien.
- A mi no me cae bien casi nadie- Le confesé- pero con los años aprendes a que te de igual. Lo que más odio, si te digo la verdad, es tomar desiciones y sobre eso, no cabe desatender la cuestión alegremente. No. Debes decidir qué ropa te pones, por ejemplo. Eso sí es inapelable, no que tu seas una odiadora compulsiva.
- Yo creo que me merezco el desahogo, ya que soy tan transparente para el resto del mundo, no creo que les afecte en absoluto a su opinión sobre mi, si la tienen y aún la recuerdan. 
  Si hay algo que me ha traído de cabeza siempre, pero que con los años le estoy sacando el jugo, es a las ventajas que ofrece la invisibilidad. Antes, tenía ambición social y estas cosas me molestaban, pero eso de que te olviden a los tres segundos de haber hablado contigo, tiene en el fondo un poder sobre mi misantropía y por defecto sobre mi producción literaria sin precedentes. Jamás habrá consecuencias sobre nada de lo que escriba.
- No entiendo.
- Podría ser periodista- me dijo como si gritara ¡Eureka!
- Periodista - Pocas personas podrían decir que me han dejado perplejo, ella podría, sobre todo cuando hilvanaba ideas en voz alta de aquella manera tan loca, pero no creo que le de la mayor importancia a esa habilidad.
- Podría pasarme el día espiando a gente, tener incluso "conversaciones casuales"con ellos, vender toda la información y luego no podrían recordar cómo era yo. 
- ¿Cómo un superpoder?
- Sí, sería fantástico. Podría rentabilizarlo.
- ¿Pero qué gente?
- Cualquiera, famosos, gente con bajas laborales fraudulentas, infieles. Hay un mercado amplio.
- Por el momento, me conformo con que no me des para leer esta mierda.
Nos reímos y empezamos a hablar de los viajes que podría hacer, de las novelas que podría leer, de todo lo que podría hacer, aunque en el fondo sabíamos que nada de eso sucedería. Yo ya lo sabía y me apenaba enormemente. 
Esa verdad estaba delante de nuestras narices y jugábamos a no verla.