La espiral del silencio

Las historias las contamos las personas como yo y nuestra venganza trascenderá en el tiempo. El suficiente para que alguien más que nosotros mismos, sepa la verdad.

La espiral del silencio, es una teoría acuñada por una politóloga alemana llamada Elisabeth Joelle-Neumann, y que en los setenta demostró tener una visión muy clara de como se mueve el mundo. Dicha teoría estudia cómo la opinión pública es una forma de control social, que intenta enmudecer a todo aquel que no comulgue con la mayoría. Una presión homogeinizadora, una lija social, que destruye toda punta sobresaliente.
No te salgas del rebaño oveja, porque entonces, nadie te querrá.

Acomodados en una mayoría, es fácil no caer en la cuenta de que somos gilipollas. Supongo que cuando el "raro" es uno frente a diez, es fácil apoltronarse en ideas absurdas sin ningún tipo de argumentación, secundados y reforzados por los balidos de la masa ovina, que entonan al son de la música que mejor les suena en cada momento. 

Supongo que ando pensando mucho en esto, porque, entre otras cuestiones, me decidí al leer al fin "1984" de Orwell, que sólo había ojeado. Sé que es imperdonable no haberlo leído a mi edad, pero le tenía bastante respeto. Con los clásicos me pasa que siento que no tengo nivel intelectual suficiente para comprenderlos y que es una pena. A pesar de ello, en este momento lo leo con avidez, y precisamente se habla de esto que planteo. "Un mundo feliz" de Huxley toca el tema, muchas otras novelas lo hacen. Son  los intelectuales, los artistas, los científicos, una politóloga alemana, los que cuestionan el mundo que les rodea, y son los que, con esa confrontación y con la valentía que supone exponerse a la presión social, consiguen que poco a poco se gradúen ideas de cambio. 

Nos allanan el camino, no cabe duda de ello, nosotros no somos nada originales ni somos los primeros, pero somos aún muy pocos y sinceramente, el silencio es ensordecedor y hace que me piten los oídos. Los gritos que salen de esas eruditas gargantas nos hacen tener la ilusión de que respiramos, y aunque a veces creo que es un sucedáneo, lo cierto es que consigue aliviar, muchas veces el dolor, la rabia.

Andrew Solomon habla de forjar el sentido de la vida y de construir la identidad y que con el sufrimiento muchas veces hallamos respuesta a estas cuestiones. Nos cuenta que nuestras historias son la base de nuestra identidad y que todo aquello que sea malo o traumático debe servir para construir lo que somos, no como una forma de diferenciarnos de los demás sino para crear una revolución.

Escribo todo esto, además de por mis recientes lecturas Orwellianas, porque tengo un amigo pasando por un mal momento. Además, un mal momento, alimentado en un grado a considerar, por bastante indeseable, a los que con franqueza, no les deseo que de mi dependa su estabilidad emocional o física. Es curioso como a lo largo de mi vida, he presenciado o padecido el ataque de este tipo de sujetos que quedan en la impunidad y en el olvido al poco tiempo, a pesar de que para quién padece el embiste, resulta muy difícil de superar.

La cuestión es que, si no estás en el redil, estás expuesto y puede que en tu realidad más cercana, debas enfrentarte a estas ovejas que se parecen más a las alimañas cuando las miras de cerca. Sobre las alimañas y otras historias lamentables, podemos escribir las personas como yo, rompiendo  con el silencio. Y aunque la cicatriz queda, nuestra venganza trascenderá en el tiempo.