Preguntas tipo sopa

Idealicé un encuentro con alguien, mientras iba en mi "gatobus" habitual de la tarde.
Mientras pasaba de largo por todo el espectáculo de metal y mar que recorta de una manera preciosa y deprimente el horizonte, imaginé que mi vida era otra y me veía en unas circunstancias altamente favorecidas por la fortuna y el éxito. ¡Pues sí!, perdí el tiempo pensando ese tipo de sandeces, por justificarme descaradamente diré que yo no veo "Telecirco" jamás. Con esto espero haber recuperado puntos o lo que quiera que sea, que deba cumplir para las expectativas de no sé qué.
Iba mirando todo aquel amasijo oxidado de torres, grúas, containers y demás, y pensé que tenía algún tipo de éxito, como comentaba antes y me veía transportada a una cafetería en la que hablaba de manera distendida con un viejo conocido al que me hubiera gustado sorprender con mi nuevo estatus de poder y gloria. El sujeto en sí mismo, no sólo presumía de su desconocimiento sobre el asunto, sino que hablaba, dando por sentado que yo jamás  podría hacer nada tan bien. Presuponía por tanto, que se trataba de otra persona y en ningún caso de mi.
 Describo más o menos la escena:


Es decir, que el batacazo me dejaba totalmente desprovista de todo reconocimiento y además, por no entrar en una deprimente situación en la que debía explicarle al muy desgraciado que estaba ante una jodida celebridad, hacía caso omiso a mi desdicha interior y seguía una conversación de supuestas banalidades que me importaban una mierda y me esforzaba en fingir ante aquel al que tenía delante y que me tomaba por subnormal profunda por lo visto, como si no me hubiera hundido en absoluto.
Tenía un cabreo del copón.
¿Qué le pasa al cretino ese que no sabe que yo puedo hacer lo que me de la gana, incluso bien y mejor si me parece? El problema es que era un sueño, bueno, un medio sueño, porque estaba despierta, plenamente consciente de lo que estaba idealizando, es decir, que me había saboteado deliberadamente mi propia fantasía.
No creo que Freud se levante de su tumba así como así, pero podría soñar que lo hace y me abofetea sin piedad.


No es por sed de reconocimiento, pero el que hasta yo misma, entienda que creer en mi, no está a la altura ni de un desvarío onírico, es el colmo de la mediocridad. Pero es muy real, es muy cierto y es el resultado de muchísimas cosas que no dependen de ti mismo.
Si hubiéramos presupuesto que un joven negro del Bronx, no era más que un quinqui cuyo futuro estaba en una banda callejera, nadie habría escrito jamás lo que significaba tener una sensibilidad creativa brutal, cargando con esa carcaza tan dura, bajo la que nadie la adivinaría. Y por su puesto nadie habría sido tan osado para hacer una película sobre ello. 

                                                     

En "Descubriendo a Forrester" no sólo ponen de manifiesto estas cuestiones de los prejuicios morales derivados de las imbecilidades típicas y nada originales como la raza y la clase social, sino que como en "El indomable Will Hunting", por poner otro ejemplo, muestra la lucha de un individuo con el todo. Con los suyos y con los otros, con los de un bando y los de otro. 

Si ser un prodigio de las matemáticas o un futuro nombre de la lista de Best Sellers editoriales, nos merecemos un turno de preguntas tipo sopa y que el foco no esté en si parecemos esto o aquello, sino en lo verdaderamente importante, en lo que somos y podemos hacer, en brindar u obtener información valiosa.
Y todo esto por soñar despierta. Para los próximos viajes en guagua, miraré embobada el smartphone para no romper con el estereotipo cultural asociado a alguien como yo y dejaré que sea la ficción ajena la que halle la solución a mi indignación.