La furgoneta de las 3:10

Mi compañero y yo ordenábamos la mesa de trabajo y paramos en seco al oír el sonido de las puertas mecánicas, que se abrieron dejando escapar una bocanada de aire fresco de la tienda vacía. Su silueta se dibujaba recortada por el paisaje urbano. Polo blanco, pantalón caqui corto, fornidas y tatuadas piernas, bolígrafo en la oreja.
"Duele el corazón" de Enrique Iglesias, sonaba en el hilo musical, acompañado en el bajo por el ronroneo de la máquina de aire acondicionado. Se deslizó moviendo la cabeza al ritmo de la música y silbando los coros como si se los supiera de memoria.
Los papeles de la calle corrieron asustados del calor que emanaba del asfalto cuando las puertas volvieron a cerrarse.
Se dirigió a nuestro mostrador, donde con talante decidido mientras desenvainaba el Bic de su oreja con una gracia fluida, estudiada, obviando nuestras apáticas miradas y nuestra postura, alicaída.
- Vengo a recoger un paquete 
- Sí, está ahí - le indiqué saliendo del hechizo. La música había vuelto a sonar y él rellenaba rápidamente unos papeles de un taco que se había sacado de uno de los bolsillos del pantalón.
- Un sello aquí - señaló el lugar exacto.
De manera mecánica estampé el sello azul en el formulario sin mirarlo demasiado y me entregó una copia en color rosa.
- Pesa un poco. ¿Barato no será?- A veces se gastan esas bromas para romper un poco la fría relación que por defecto se establece en estos casos, así que le mostré mi sonrisa de empleada, que no es más que una mueca que hago y creo que me hace parecer más educada y eficiente.
- No, no. Y es delicado.
Salió con la caja al hombro, volvió el espectáculo de las puertas, el aire caliente que entraba, los papelitos que volvían a correr por la calle, el andar seguro hasta la furgoneta blanca con la plataforma abierta parada en frente, apartó unas lonas que tapaban parcialmente la parte trasera de la furgoneta con la mano libre y simplemente lanzó el pesado bulto dentro, el cual, vimos caer y rebotar, hasta quedar en un punto estático.
Cuando el vehículo desapareció del campo de visión que abarcaba el escaparate, reanudamos indolentes, la actividad.